Now Playing Tracks

Ya no escucho música. Todo el frío está arrancando de mí. Poco a poco me quedo ciego y quedarse ciego es ver colores que no existen. Las películas que vi de niño sólo dicen: estás solo, los extraterrestres no existen, y si existen sólo traman tu destrucción. Los caracoles avanzan por el jardín del sur y puedes escuchar cómo los pisan y crujen pero no hay nadie. Estás solo y las copas se caen.

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A PDF of The Exegesis of Philip K. Dick is available free of charge from the Pleroma Bitcasa link:

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The Exegesis of Philip K. Dick is a book containing the published selections of a journal kept by science fiction writer Philip K. Dick, documenting and exploring his religious and visionary experiences. Dick’s wealth of knowledge on the subjects of philosophy, religion, and science inform the work throughout.

Dick started the journal after his visionary experiences in February and March 1974, which he called “2-3-74.” These visions began shortly after Dick had impacted wisdom teeth removed. When a delivery person from the pharmacy brought his pain medication, he noticed the ichthys necklace she wore and asked her what it meant. She responded that it was a symbol used by the early Christians, and in that moment Dick’s religious experiences began:

"In that instant, as I stared at the gleaming fish sign and heard her words, I suddenly experienced what I later learned is called anamnesis—a Greek word meaning, literally, "loss of forgetfulness." I remembered who I was and where I was. In an instant, in the twinkling of an eye, it all came back to me. And not only could I remember it but I could see it. The girl was a secret Christian and so was I. We lived in fear of detection by the Romans. We had to communicate with cryptic signs. She had just told me all this, and it was true.

For a short time, as hard as this is to believe or explain, I saw fading into view the black, prisonlike contours of hateful Rome. But, of much more importance, I remembered Jesus, who had just recently been with us, and had gone temporarily away, and would very soon return. My emotion was one of joy. We were secretly preparing to welcome Him back. It would not be long. And the Romans did not know. They thought He was dead, forever dead. That was our great secret, our joyous knowledge. Despite all appearances, Christ was going to return, and our delight and anticipation were boundless.”

Afülkelleñfe (de “Zodiaca 2: la revolución de las semillas”, novela, 2013)

Fue hace mucho tiempo.

Fue un día que me sentí triste y construí un nido sobre el mundo.

Quise dedicarme a la agricultura de climas, por lo que subí  al Khan Tengri en el Tien Shan.

Por cada paso que daba al subir a mi nueva vida tallaba una gota

nueva sobre una piedra y luego la rompía.

No debía quedar nada salvo los animales de la luna

y la sombra mostaza de los jabalíes.

Llegué a la cima y era la azotea de un edificio

recorrida por un montón de cangrejos transparentes

y pude llorar por fin

y lloré sin saber

nada.

Eso era un edificio.

Mis lágrimas marchaban en manchas a formar una playa imposible

de la que zarparían los climas.

Caerse del triciclo

no fue fácil.

La noche hace una mandíbula suya en cada pieza niña.

Tallé por todo dentro de mi cuerpo

letras que luego no sirvieron para nada

(y con luego quiero decir inmediatamente nunca)

letras que iban a ser obeliscos, mares de conjuros levantándose entre los desiertos y las montañas oscurecidas, entre banderas y estandartes agujereados, flameando en una tormenta de polvo de otro planeta,

que iban a ayudarme

en los túneles de la noche

pero sólo pudieron quedarse mirando

mientras me perdía en ideas de muerte.

Y se me mojó el piyama

de una transpiración helada y estelar.

Y fue mi cuerpo

una bandera de nada

llenándose de agua

y burbujas plásticas.

Y fue mi sueño

un golfo de otros petróleos.

Caían gaviotas grandes como ciudades entre los riscos de las letras y era geranio cada recoveco en la marea de piedra.

El cielo deshebraba reloj en carcaj.

Pero mi tristeza aún no se iba,

seguía robándome el pan

y metiéndose en el cubo de la manteca,

y yo, que no podía salir de un laberinto de baños químicos, no tenía idea de qué podía hacer y me quedaba echada sobre papeles de diario mirando el día agujereándose y los volantines cayendo en picada sobre la carne humeante de los pastos comulgantes y había serpientes intentando crecer de mis rodillas que se llenaban de rasmillones.

Todo en mis ojos tenía pena y se encogía y sus rayos declinaban

y llovieron guantes ese día.

Nunca podré olvidarlo.

Llovieron guantes y llovieron chinos

y los domos se astillaron de mil maneras.

Y la nieve cayó al interior de pequeñas esferas

en las que crecían condominios infinitos

y prosperaba la gran tradición arquitectónica

del polo norte.

Poco a poco, la playa se extendió hasta sobrepasar en tamaño a los contintentes

y mis ojos eran ahora mesetas donde se tributaban cada día millones de tormentas eléctricas

y mis rodillas se llenaban de grillos que aclamaban

los vasos musicales del mundo

los keros de la eternidad.

Así se movía la alegría

como un cardumen de anguilas

por mi playa

y allí donde deseaba ser

visitada por visiones

echaba a correr un nuevo continente

un rostro hecho de ríos

una mano compuesta de manglares

y todo él era una espalda

do se agitaba

la hierba azul que danza

y los neohimalayas.

No morí aunque creí que moriría

no fui una luciérnaga

desdeñé la piedad por mí misma

y mí misma fue una servilleta que arrugué

y fue de las nubes que nació mi vestido

y del albedo del mundo

escogí mi silbido

y fue mi juego

el habitar seguido

el humus continuo.

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